LAS MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO
La monotonía de la vida es el pan nuestro de cada día. Todos los
días es lo mismo: la misma rutina, las mimas obligaciones, las mismas
discusiones... ¿Cuántas veces hemos soñado con vivir en la piel de otra persona
ajena a nosotros, radicalmente diferente? Cuando apenas tienes dieciocho años,
tu cuerpo es un hervidero hormonal que sólo piensa en darle color a tu vida, que en ella predomine la aventura. Todas las mujeres, independientemente
de la cultura, el país o la edad, soñamos con tener nuestro momento, aquel en
el que nuestra rana se convirtiera en príncipe, nos sacara de nuestro mundo y
nos llevara a nuestro paraíso particular. Nos pasamos la vida mirando a la
pantalla, donde chicas bonitas encuentran su amor verdadero, un galán de
primera; y nos imaginamos que ese mismo galán, fuera de la pantalla, podría
llegar a cruzarse en nuestro camino. Un hombre que nada más mirarnos a los
ojos, pudiera arrebatarnos el alma. En ese momento, sin saber como, sabríamos
que esa persona sería la que nos acompañaría a nuestro lado el resto de nuestra
vida, tanto en los buenos como en los malos momentos. Mientras los sueños se apoderan de nuestra mente, nuestra vista divisa alrededor bonitas parejas que rebosan amor, entre nuestros amigos y conocidos; y es entonces cuando nos chocamos contra la cruda realidad de nuestra simple existencia.
Hoy día ya no existen esas historias bonitas en las que una simple mirada nos ponía coloradas, y en las que nuestro pretendiente nos invitaba a salir después de haber reunido el valor suficiente; y, quizá después de cuatro o cinco citas, ese mismo pretendiente se arriesgaría a rozar con sus labios los nuestros. Esas historias que nos relatan una y mil veces las mamas y las abuelas, cuando nos podemos dar cuenta del débil reflejo que emana de sus ojos, ese reflejo que recoge tantos sentimientos y emociones contenidos en esos momentos pasados; son esas historias en las que las damas eran cortejadas por todos unos caballeros, colmadas de presentes y de sentimientos puros y sinceros. No, todo eso ha quedado ya en el baúl de los recuerdos, las generaciones presentes, sobre todo los jóvenes a los que les queda tanto por crecer y vivir, se limitan a salir, beber y quizá, con un poco de suerte, conocer a alguien esa noche, pero con el que estar tan solo esa noche, o como mucho un par de veces más. La poligamia es el plato fuerte de este mundo pasado de rosca en el que vivimos.
Quizá sea sólo una soñadora, una idealista que no encaja en esta sociedad tan perturbada por el consumismo que caracteriza el mundo presente, pero añoro esos tiempos felices en los que no había segundas intenciones, las cosas no eran tan fáciles, y si de verdad querías algo con toda tu alma, tenías que pelear duro por ello. Pero lo que de verdad me pregunto es... ¿dónde quedaron esas mariposas en el estómago, ese frenesí que recorría nuestras venas con tan sólo pensar en ese hombre que nos traía loca la cabeza?
Hoy día ya no existen esas historias bonitas en las que una simple mirada nos ponía coloradas, y en las que nuestro pretendiente nos invitaba a salir después de haber reunido el valor suficiente; y, quizá después de cuatro o cinco citas, ese mismo pretendiente se arriesgaría a rozar con sus labios los nuestros. Esas historias que nos relatan una y mil veces las mamas y las abuelas, cuando nos podemos dar cuenta del débil reflejo que emana de sus ojos, ese reflejo que recoge tantos sentimientos y emociones contenidos en esos momentos pasados; son esas historias en las que las damas eran cortejadas por todos unos caballeros, colmadas de presentes y de sentimientos puros y sinceros. No, todo eso ha quedado ya en el baúl de los recuerdos, las generaciones presentes, sobre todo los jóvenes a los que les queda tanto por crecer y vivir, se limitan a salir, beber y quizá, con un poco de suerte, conocer a alguien esa noche, pero con el que estar tan solo esa noche, o como mucho un par de veces más. La poligamia es el plato fuerte de este mundo pasado de rosca en el que vivimos.
Quizá sea sólo una soñadora, una idealista que no encaja en esta sociedad tan perturbada por el consumismo que caracteriza el mundo presente, pero añoro esos tiempos felices en los que no había segundas intenciones, las cosas no eran tan fáciles, y si de verdad querías algo con toda tu alma, tenías que pelear duro por ello. Pero lo que de verdad me pregunto es... ¿dónde quedaron esas mariposas en el estómago, ese frenesí que recorría nuestras venas con tan sólo pensar en ese hombre que nos traía loca la cabeza?
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