LA SOLEDAD ES UN REGALO, NO UN CASTIGO
¿Por qué cuando vemos a alguien solo, sin compañía con la que poder charlar y conversar, siempre tendemos a sentir una especie de lástima hacia esa persona desconocida para nosotros? Para nuestra mente, las palabras soledad y lástima van irremediablemente cogidas de la mano. Nosotros somos seres sociales, siempre necesitados de la compañía de otras personas alrededor de las cuales ir formando nuestra vida: la familia, los amigos, quizá una pareja... Pero de lo que nunca nos damos cuenta es del descanso que le da a nuestra alma tan sólo unos simples momentos en soledad, sin nadie a nuestro lado, sincerándonos con nosotros mismos. Porque estar veinticuatro horas al día rodeado siempre de gente, ruido y movimiento no es tan saludable como pensamos.
La soledad, en dosis pequeñas y controladas, nos permite darnos a conocer a nosotros mismos, poner las cartas sobre la mesa y recapacitar escogiendo siempre la opción que nuestro corazón y nuestra alma nos piden que elijamos. Al llegar a casa, después de un día largo y agitado, lo que de verdad necesitamos urgentemente es un descanso mental que nos aleje del estrés cotidiano que caracteriza nuestras vidas. Pero estoy convencida de que no seré ni la primera ni la última persona en este mundo que llega exhausto a su casa, y nada más pasar el umbral de la puerta se encuentra con una jauría peor de la que ha venido. Sin embargo, encerrados entre nuestras cuatro paredes preferidas, con una buena música de fondo, entramos en un estado de semiinconsciencia del que difícilmente podemos salir.
Hoy en día, la sinceridad dista mucho de ser auténtica en nuestra forma de ser, con tanta falsedad y malicia como abunda en el mundo. La mayoría de las personas, no digo todas, dejemos espacio a la esperanza en este escrito, tan sólo son verdaderamente sinceros cuando están solos, ya que es la única manera que tiene de que nadie les traicione o arruine sus planes. Porque la soledad en verdad saca lo mejor de nosotros, nos permite ser buenos, sinceros, leales y verdaderos en un mundo tan corrupto en el que vivimos sin tener opción a otra oportunidad; aunque a veces tan sólo nos haga hacer estupideces, llevados por la impotencia que nos provocan los duros momentos que en toda vida aparecen, de los que aprendemos, superamos y dejamos atrás, sin voltearnos siquiera.
Así que, teniendo en cuenta que nada en esta vida es perfecto en su completa extensión, debemos aceptar la verdad que afirma que la soledad no es para nada un castigo, sino que debemos abrazarla como un regalo, pero recordando siempre que nada en exceso es bueno.
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